En septiembre de 2012, durante la feria Eurobikes en Alemania, los encargados de Etxeondo recibieron una visita inesperada.
-Se nos presentó Tom Davies, el responsable de patrocinios de Giant [uno de los principales fabricantes de bicicletas del mundo], y nos dijo así, de sopetón: “Vais a hacer la ropa del equipo Rabobank para la próxima temporada” -recuerda Paco.
Giant suministraba las bicicletas al equipo holandés Rabobank. Pero Paco Rodrigo no tenía ninguna noticia de ese plan para que Etxeondo suministrara las equipaciones.
-Me quedé a cuadros. Le dije: “Oye, pero esto os va a costar una pasta…”. “No te preocupes. Da igual lo que cueste, ya está hecho”. Resulta que Giant acababa de fichar como director general a Stan Mavis, y él había convencido a la gente de Rabobank de que la mejor ropa era la de Etxeondo.
El Rabobank masculino era un equipo puntero con ciclistas de la talla de Mollema, Kruijswijk, Kelderman, Matthews, Juanma Garate o Luis León Sánchez... Y el Rabobank Liv Giant femenino era el mejor del mundo con Marianne Vos, Van Vleuten, Ferrand-Prévot, Lucinda Brand...
En esos años la estrategia de Etxeondo para darse a conocer ya no se centraba en vestir a los mejores equipos profesionales, como en los 80 y 90. El mundo del ciclismo era cada vez más amplio y más plural, se iba extendiendo más allá de la competición, y cada vez más personas entendían la bici como un medio para el turismo, el ocio, el viaje, la salud, el bienestar… Etxeondo trabajaba ya en esos ámbitos. Pero la propuesta de Rabobank le abría otras puertas: las de la internacionalización.
Paco Rodrigo veía claro que Etxeondo debía ser una marca exitosa también en otros países. Por eso pidió a Paul Santen, un experto neerlandés que trabajaba para un gigante mundial de la ropa deportiva, que examinara la empresa de arriba abajo
-Vino a chequearnos todo: las máquinas, los materiales, los procesos, la capacidad de producción… -recuerda Paco-. Queríamos confirmar si de verdad teníamos la calidad que decíamos y la potencia para fabricar todo lo que nos iban a pedir. Nos vino muy bien, porque llevábamos muchos años funcionando con éxito en casa y teníamos el riesgo de creernos muy guapos. Siempre está bien que te mire alguien de fuera y te diga si de verdad eres guapo o no tanto.
Los países europeos con mayor tradición ciclista -Francia, Italia, España, Bélgica, Países Bajos...- tenían cada uno sus marcas de ropa que dominaban el mercado local, pero apenas entraban en otros países. En el siglo XXI los mercados se internacionalizaron a toda velocidad y Etxeondo también quiso participar en ellos: vendieron cada vez más en los Países Bajos y Bélgica, se fueron abriendo camino en Alemania y Francia, y poco a poco se extendieron hasta una treintena de países en tres continentes.
-Vestir a Rabobank nos daba un sello de prestigio internacional -dice Patxi-. Somos una marca vasca, hasta ahora hemos vestido a los equipos de nuestro entorno, pero demostramos que tenemos la calidad necesaria para gustar en cualquier otro país.
En septiembre de 2012, por tanto, acordaron que Etxeondo vestiría a Rabobank para la temporada 2013. Diseñaron la ropa, la fabricaron… y a mediados de octubre Rabobank anunció que dejaba de patrocinar al equipo masculino, como consecuencia del informe que acababa de publicar la Agencia Antidopaje de Estados Unidos sobre el programa de dopaje de Lance Armstrong y de los escándalos de los últimos años. Rabobank seguiría pagando, porque estaba obligado por contrato, hasta que apareciera un nuevo patrocinador que lo sustituyera. Pero no quería que el equipo llevara su nombre ni sus colores.
-Teníamos ya lista toda la equipación del Rabobank… Y de repente tuvimos que empezar de nuevo con otra completamente distinta.
Diseñaron un maillot con franjas verticales de tres colores, negro, blanco y azul, que se combinaban en las mangas. Y como el nombre del equipo debía quedar en blanco, sus gestores decidieran que llevara en el pecho la palabra Blanco: uno de los maillots más peculiares de la historia de los patrocinios ciclistas.
-Y espérate, porque en 2013, a mitad de temporada, consiguieron un patrocinador: Belkin, una empresa estadounidense de accesorios para teléfonos y aparatos electrónicos. Faltaban dos semanas para el Tour y nos tocó diseñar otra equipación a todo correr. Salieron unos maillots muy limpios, muy bonitos, con franjas horizontales: verde, blanco y negro.
Rabobank, Blanco, Belkin y el Rabobank Liv femenino: Etxeondo les preparó cuatro equipaciones en ocho meses.
EL CRECIMIENTO DE DUMOULIN
En 2013 los responsables del equipo neerlandés Argos-Shimano se presentaron en Ormaiztegi (Gipuzkoa) para comprar un autobús de la compañía Irizar. Y en Irizar les dijeron que a dos pasos también tenían la mejor ropa: en Etxeondo.
-Vinieron a conocernos, nos hablaron de su proyecto y nos gustó mucho -cuenta Paco-. Era un equipo medio de la categoría World Tour que quería crecer con mucha ambición y con ideas claras, era una gente muy innovadora, y ese tipo de proyectos siempre nos han gustado: implicarnos con los equipos desde abajo y subir con ellos, como habíamos hecho con Reynolds, Orbea, Caja Rural, Clas, Once, Euskaltel… Le recomendamos este proyecto a Giant.
Así se formó el Giant-Shimano para la temporada 2014, un equipo neerlandés en el que participaron las firmas guipuzcoanas Irizar y Etxeondo. Su figura principal era el esprínter alemán Marcel Kittel, que había ganado tres etapas en el Tour de 2013. Después venían jóvenes prometedores como el escalador francés Warren Barguil o el clasicómano alemán Degenkolb. Y también figuraba un chaval neerlandés de 22 años, sin ninguna victoria por el momento, que se llamaba Tom Dumoulin.
-No tenían tanto presupuesto, así que exprimían sus posibilidades al máximo. Era gente muy preparada en todos los ámbitos; eran ingenieros, técnicos, preparadores muy minuciosos con las bicis, la alimentación, los entrenamientos… y a Etxeondo también nos exigían mucho con la ropa. Nos vino muy bien. Con ellos hicimos desarrollos técnicos muy especiales, como el culote Dyneema.
Es un culote anticaídas, tan elástico y cómodo como el que más, pero con una fibra muy resistente que protege a los ciclistas de los cortes y las abrasiones. Recibió el premio a la mejor prenda en la feria Eurobike 2015 y sobre todo se ganó el agradecimiento de los ciclistas: Barguil se cayó en el Tour de Francia y sufrió erosiones en los brazos, pero los muslos le quedaron intactos y así evitó una merma del rendimiento.
-A mí este equipo me enamoraba -sigue Patxi-, porque veía cómo cuidaban todos los detalles para comerles la tostada a los equipos más grandes. Me acuerdo de cómo le preparaban los lanzamientos a Kittel, que así ganó un montón de etapas en el Tour… O las dos etapas y el maillot de la montaña que se llevó Barguil… En las clásicas había equipos mucho más potentes, con mucha más tradición, pero aparece Degenkolb y gana Milán-Sanremo y París-Roubaix en la misma temporada. En toda la historia eso solo lo había hecho Sean Kelly en 1986… y también vestido con un maillot de Etxeondo, el del Kas.
Mathieu Van der Poel logró ese mismo doblete en 2025.
-Nos fastidió la exclusividad -ríe Paco.
En este equipo, patrocinado durante las siguientes temporadas por Giant-Alpecin y Sunweb-Giant, con su maillot blanquinegro, fue creciendo el mejor corredor neerlandés del siglo XXI para las grandes vueltas: Tom Dumoulin. Era un ciclista alto, corpulento, muy potente en las contrarrelojes y con una capacidad extraordinaria para sufrir en las montañas y ceder el menor tiempo posible ante los escaladores ligeros. En 2015 le faltó muy poco para ganar la Vuelta a España -perdió el liderato en la penúltima etapa-; en 2016 se apuntó el prólogo del Giro de Italia y dos etapas del Tour; y en 2017 ganó el Giro con un suspense memorable: durante una de las últimas etapas alpinas sufrió un apretón, se apeó de la bici, se quitó la maglia rosa a todo correr y se agachó detrás de una señal viaria para bajarse el culote y aliviarse. Perdió de vista al grupo de sus rivales, le tocó perseguirlos subiendo y bajando el tremendo Umbrailpass en solitario, cedió dos minutos y mantuvo el liderato por los pelos. Gracias a su triunfo final, Etxeondo se apuntaba la tripe corona con la Vuelta, el Giro y el Tour.
Y llegó 2018, la temporada en la que Dumoulin aspiraba a todo. En el Giro persiguió a Froome durante su cabalgada kilométrica desde el colle delle Finestre hasta el Jafferau y perdió la carrera por un puñado de segundos.
-En el medio siglo que lleva Etxeondo con el ciclismo, Dumoulin me ha dado algunas de las alegrías y las penas más grandes -dice Paco-. Es que es muy buena persona, un tipo simpático, siempre quiere ser agradable, es todo corazón. Además era un ciclista fabuloso y podía haber conseguido uno de los mejores palmarés de la historia, esa es mi gran pena. Fíjate lo que te digo: si hubiera tenido gregarios de más nivel, como los que tenían en los equipos grandes, habría ganado la Vuelta en 2015, habría ganado el segundo Giro en 2018 y quizá habría ganado hasta el Tour ese mismo año.









