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Enero 2026

DUMOULIN NO ENCUENTRA SU BUZO

Un artículo de Ander Izagirre

En la década de 2010, Etxeondo fortaleció su presencia internacional. Vendió su ropa en cada vez más países y vistió a equipos punteros como Rabobank, Belkin, Giant-Shimano, CCC o Sunweb, con los que llevó su evolución técnica hasta el límite. La historia más sonada fue la de Tom Dumoulin: el ciclista neerlandés perdió su buzo aerodinámico antes de una crono decisiva en el Tour y los trabajadores de Etxeondo trabajaron, también contrarreloj, para fabricarle otro. El buzo permitía ganar unos segundos que podrían no significar nada o podrían cambiarlo todo.

Tom Dumoulin rebuscó en su maleta y empezó a ponerse nervioso. Sacó toda la ropa, hurgó en todos los compartimentos y no encontró lo que que necesitaba: el buzo que le había diseñado Etxeondo específicamente para la penúltima etapa -una contrarreloj- del Tour de Francia de 2018. Le faltaban pocas horas para jugarse uno de los mayores objetivos de su vida y no encontraba la prenda que debía vestir.

Era una segunda piel: el buzo más ceñido, ligero y veloz que habían elaborado jamás en Etxeondo. Trabajaron durante meses en el diseño y la confección de un buzo adherido milimétricamente al cuerpo de Dumoulin; el ciclista se lo vistió para pedalear en el túnel del viento y buscar así mejoras aerodinámicas -le añadieron, por ejemplo, un relieve de rayas en las mangas que dirigían las turbulencias hacia la parte trasera del cuerpo y lo impulsaban-; y en junio tuvieron que rediseñarlo porque a última hora el equipo Sunweb incorporó un nuevo patrocinador para el Tour. Se lo enviaron a Sierra Nevada (Granada), donde Dumoulin se preparaba en altura, para que lo vistiera el sábado 28 de julio.

El ciclista neerlandés era el vigente campeón del mundo contrarreloj. La penúltima etapa del Tour -la única crono individual de aquella edición- se le presentaba como la última oportunidad para apuntarse un triunfo… y como una amenaza para quedarse fuera del podio de París: Dumoulin era segundo en la clasificación, a dos minutos del líder Geraint Thomas, pero solo tenía 19 segundos de ventaja sobre el tercero, Primoz Roglic, y 32 sobre el cuarto, Chris Froome, dos grandes contrarrelojistas que podían desbancarlo.

En los cuarenta minutos de esfuerzo que exigía la crono, el buzo aerodinámico permitía ganar un puñado de segundos que podrían no significar nada o podrían cambiarlo todo.

Y Dumoulin no encontraba el buzo.

A las 10:15 de la mañana escribió un mensaje a Patxi Rodrigo, gerente de Etxeondo: “Patxi, tenemos un problema. He perdido la bolsa con el buzo de crono. Salgo a las cuatro de la tarde pero no encuentro el buzo. ¿Tenéis alguno más en la fábrica? ¿Podrías conseguírmelo a tiempo?”. Unos minutos más tarde le mandó otro: “Perdona, Patxi, ya sé que os han llamado desde el equipo, pero necesito correr con ese buzo sí o sí. Si no, ya intentaré ir rápido con la ropa normal”, y añadió un emoticono que sonreía apurado con una gota de sudor resbalando por la frente.

No existía ningún otro buzo: había que fabricarlo de nuevo. El único rayo de esperanza para Dumoulin era que la crono se disputaba en la provincia vasca de Lapurdi, entre Senpere y Ezpeleta, a 65 kilómetros de la sede de Etxeondo en Irura. Pero era finales de julio, la fábrica estaba cerrada y sus empleados de vacaciones. Patxi y su hermana Amaia, responsable de diseño y desarrollo de producto, habían acudido a Senpere para ver la etapa en directo con otros seis o siete trabajadores de Etxeondo. Llamaron a su padre, Paco Rodrigo, fundador y director general de la empresa, que estaba tan tranquilo preparando un desayuno tardío de sábado en su casa, escuchando a Edith Piaf, y le contaron el problema.

-Es imposible -contestó Paco- pero lo vamos a intentar.

“QUE NOS MIREN DE FUERA PARA SABER SI SOMOS TAN GUAPOS”

La estrecha relación de Etxeondo con Tom Dumoulin y su equipo neerlandés tiene un origen peculiar. En septiembre de 2010, el director comercial de la firma vasca no pudo viajar a la feria Interbike, la más grande de América, que se celebraba todos los años en Las Vegas (Estados Unidos). En su lugar, Paco Rodrigo envió a sus dos hijos.

-Éramos dos pipiolos, sobre todo yo, que tenía 21 años y ni siquiera trabajaba entonces en Etxeondo -cuenta Patxi. Su hermana Amaia tenía 27-. La compañía aérea nos perdió las maletas, llegamos de noche y salimos a comprar ropa de madrugada porque al día siguiente teníamos una comida importante. Alucinamos, porque en Las Vegas las tiendas abrían toda la noche, tenían diyéis con música en directo, luces por todas partes… A Amaia le interesa mucho la moda y estaba feliz dando vueltas por allí, yo me dormía por las esquinas. 

Al día siguiente, bien elegantes, comieron con Stan Mavis, Era un antiguo atleta que en 1980 había batido el récord mundial de la media maratón, cofundador de la rama estadounidense de la marca Pearl Izumi de equipación ciclista y distribuidor de Etxeondo en Estados Unidos. 

-Un atleta y un gentleman -dice Paco-. Queríamos entrar en otros países y él nos ayudó mucho, siempre se portó fenomenal con nosotros. 

Mavis quería atender bien a los hijos de Paco y los llevó al restaurante Picasso, uno de los más prestigiosos de Las Vegas. Allí Patxi cumplió las órdenes de su padre: se adelantó para pagar con la tarjeta de crédito de Etxeondo. Ahora se ríe: 

-Luego llamé a Paco, asustado: “Vaya viaje nos han metido..”. Pero hicimos muy buena relación con Mavis y eso luego fue importante.

Y tan importante. Bonnie Mavis, mujer de Stan, trabajaba para marcas de alta costura. Cuando conoció las prendas de Etxeondo, se sorprendió.

-Bonnie Mavis sabía apreciar los detalles técnicos de nuestra ropa: el tipo de hilo que usábamos, la costura, los patrones, las direcciones de los tejidos, la elaboración del color… Ella se dio cuenta de que esa calidad no era habitual en la ropa deportiva.

En septiembre de 2012, durante la feria Eurobikes en Alemania, los encargados de Etxeondo recibieron una visita inesperada. 

-Se nos presentó Tom Davies, el responsable de patrocinios  de Giant [uno de los principales fabricantes de bicicletas del mundo], y nos dijo así, de sopetón: “Vais a hacer la ropa del equipo Rabobank para la próxima temporada” -recuerda Paco. 

Giant suministraba las bicicletas al equipo holandés Rabobank. Pero Paco Rodrigo no tenía ninguna noticia de ese plan para que Etxeondo suministrara las equipaciones.

-Me quedé a cuadros. Le dije: “Oye, pero esto os va a costar una pasta…”. “No te preocupes. Da igual lo que cueste, ya está hecho”. Resulta que Giant acababa de fichar como director general a Stan Mavis, y él había convencido a la gente de Rabobank de que la mejor ropa era la de Etxeondo.

El Rabobank masculino era un equipo puntero con ciclistas de la talla de Mollema, Kruijswijk, Kelderman, Matthews, Juanma Garate o Luis León Sánchez... Y el Rabobank Liv Giant femenino era el mejor del mundo con Marianne Vos, Van Vleuten, Ferrand-Prévot, Lucinda Brand... 

En esos años la estrategia de Etxeondo para darse a conocer ya no se centraba en vestir a los mejores equipos profesionales, como en los 80 y 90. El mundo del ciclismo era cada vez más amplio y más plural, se iba extendiendo más allá de la competición, y cada vez más personas entendían la bici como un medio para el turismo, el ocio, el viaje, la salud, el bienestar… Etxeondo trabajaba ya en esos ámbitos. Pero la propuesta de Rabobank le abría otras puertas: las de la internacionalización.

Paco Rodrigo veía claro que Etxeondo debía ser una marca exitosa también en otros países. Por eso pidió a Paul Santen, un experto neerlandés que trabajaba para un gigante mundial de la ropa deportiva, que examinara la empresa de arriba abajo 

  -Vino a chequearnos todo: las máquinas, los materiales, los procesos, la capacidad de producción… -recuerda Paco-. Queríamos confirmar si de verdad teníamos la calidad que decíamos y la potencia para fabricar todo lo que nos iban a pedir. Nos vino muy bien, porque llevábamos muchos años funcionando con éxito en casa y teníamos el riesgo de creernos muy guapos. Siempre está bien que te mire alguien de fuera y te diga si de verdad eres guapo o no tanto.

Los países europeos con mayor tradición ciclista -Francia, Italia, España, Bélgica, Países Bajos...- tenían cada uno sus marcas de ropa que dominaban el mercado local, pero apenas entraban en otros países. En el siglo XXI los mercados se internacionalizaron a toda velocidad y Etxeondo también quiso participar en ellos: vendieron cada vez más en los Países Bajos y Bélgica, se fueron abriendo camino en Alemania y Francia, y poco a poco se extendieron hasta una treintena de países en tres continentes.

-Vestir a Rabobank nos daba un sello de prestigio internacional -dice Patxi-. Somos una marca vasca, hasta ahora hemos vestido a los equipos de nuestro entorno, pero demostramos que tenemos la calidad necesaria para gustar en cualquier otro país.

En septiembre de 2012, por tanto, acordaron que Etxeondo vestiría a Rabobank para la temporada 2013. Diseñaron la ropa, la fabricaron… y a mediados de octubre Rabobank anunció que dejaba de patrocinar al equipo masculino, como consecuencia del informe que acababa de publicar la Agencia Antidopaje de Estados Unidos sobre el programa de dopaje de Lance Armstrong y de los escándalos de los últimos años. Rabobank seguiría pagando, porque estaba obligado por contrato, hasta que apareciera un nuevo patrocinador que lo sustituyera. Pero no quería que el equipo llevara su nombre ni sus colores.

-Teníamos ya lista toda la equipación del Rabobank… Y de repente tuvimos que empezar de nuevo con otra completamente distinta.

Diseñaron un maillot con franjas verticales de tres colores, negro, blanco y azul, que  se combinaban en las mangas. Y como el nombre del equipo debía quedar en blanco, sus gestores decidieran que llevara en el pecho la palabra Blanco: uno de los maillots más peculiares de la historia de los patrocinios ciclistas.

-Y espérate, porque en 2013, a mitad de temporada, consiguieron un patrocinador: Belkin, una empresa estadounidense de accesorios para teléfonos y aparatos electrónicos. Faltaban dos semanas para el Tour y nos tocó diseñar otra equipación a todo correr. Salieron unos maillots muy limpios, muy bonitos, con franjas horizontales: verde, blanco y negro.

Rabobank, Blanco, Belkin y el Rabobank Liv femenino: Etxeondo les preparó cuatro equipaciones en ocho meses. 

EL CRECIMIENTO DE DUMOULIN

En 2013 los responsables del equipo neerlandés Argos-Shimano se presentaron en Ormaiztegi (Gipuzkoa) para comprar un autobús de la compañía Irizar. Y en Irizar les dijeron que a dos pasos también tenían la mejor ropa: en Etxeondo. 

-Vinieron a conocernos, nos hablaron de su proyecto y nos gustó mucho -cuenta Paco-. Era un equipo medio de la categoría World Tour que quería crecer con mucha ambición y con ideas claras, era una gente muy innovadora, y ese tipo de proyectos siempre nos han gustado: implicarnos con los equipos desde abajo y subir con ellos, como habíamos hecho con Reynolds, Orbea, Caja Rural, Clas, Once, Euskaltel… Le recomendamos este proyecto a Giant. 

Así se formó el Giant-Shimano para la temporada 2014, un equipo neerlandés en el que participaron las firmas guipuzcoanas Irizar y Etxeondo. Su figura principal era el esprínter alemán Marcel Kittel, que había ganado tres etapas en el Tour de 2013. Después venían jóvenes prometedores como el escalador francés Warren Barguil o el clasicómano alemán Degenkolb. Y también figuraba un chaval neerlandés de 22 años, sin ninguna victoria por el momento, que se llamaba Tom Dumoulin. 

-No tenían tanto presupuesto, así que exprimían sus posibilidades al máximo. Era gente muy preparada en todos los ámbitos; eran ingenieros, técnicos, preparadores muy minuciosos con las bicis, la alimentación, los entrenamientos… y a Etxeondo también nos exigían mucho con la ropa. Nos vino muy bien. Con ellos hicimos desarrollos técnicos muy especiales, como el culote Dyneema.

Es un culote anticaídas, tan elástico y cómodo como el que más, pero con una fibra muy resistente que protege a los ciclistas de los cortes y las abrasiones. Recibió el premio a la mejor prenda en la feria Eurobike 2015 y sobre todo se ganó el agradecimiento de los ciclistas: Barguil se cayó en el Tour de Francia y sufrió erosiones en los brazos, pero los muslos le quedaron intactos y así evitó una merma del rendimiento.

-A mí este equipo me enamoraba -sigue Patxi-, porque veía cómo cuidaban todos los detalles para comerles la tostada a los equipos más grandes. Me acuerdo de cómo le preparaban los lanzamientos a Kittel, que así ganó un montón de etapas en el Tour… O las dos etapas y el maillot de la montaña que se llevó Barguil… En las clásicas había equipos mucho más potentes, con mucha más tradición, pero aparece Degenkolb y gana Milán-Sanremo y París-Roubaix en la misma temporada. En toda la historia eso solo lo había hecho Sean Kelly en 1986… y también vestido con un maillot de Etxeondo, el del Kas. 

Mathieu Van der Poel logró ese mismo doblete en 2025.

-Nos fastidió la exclusividad -ríe Paco.

En este equipo, patrocinado durante las siguientes temporadas por Giant-Alpecin y Sunweb-Giant, con su maillot blanquinegro, fue creciendo el mejor corredor neerlandés del siglo XXI para las grandes vueltas: Tom Dumoulin. Era un ciclista alto, corpulento, muy potente en las contrarrelojes y con una capacidad extraordinaria para sufrir en las montañas y ceder el menor tiempo posible ante los escaladores ligeros. En 2015 le faltó muy poco para ganar la Vuelta a España -perdió el liderato en la penúltima etapa-; en 2016 se apuntó el prólogo del Giro de Italia y dos etapas del Tour; y en 2017 ganó el Giro con un suspense memorable: durante una de las últimas etapas alpinas sufrió un apretón, se apeó de la bici, se quitó la maglia rosa a todo correr y se agachó detrás de una señal viaria para bajarse el culote y aliviarse. Perdió de vista al grupo de sus rivales, le tocó perseguirlos subiendo y bajando el tremendo Umbrailpass en solitario, cedió dos minutos y mantuvo el liderato por los pelos. Gracias a su triunfo final, Etxeondo se apuntaba la tripe corona con la Vuelta, el Giro y el Tour.

Y llegó 2018, la temporada en la que Dumoulin aspiraba a todo. En el Giro persiguió a Froome durante su cabalgada kilométrica desde el colle delle Finestre hasta el Jafferau y perdió la carrera por un puñado de segundos.

-En el medio siglo que lleva Etxeondo con el ciclismo, Dumoulin me ha dado algunas de las alegrías y las penas más grandes -dice Paco-. Es que es muy buena persona, un tipo simpático, siempre quiere ser agradable, es todo corazón. Además era un ciclista fabuloso y podía haber conseguido uno de los mejores palmarés de la historia, esa es mi gran pena. Fíjate lo que te digo: si hubiera tenido gregarios de más nivel, como los que tenían en los equipos grandes, habría ganado la Vuelta en 2015, habría ganado el segundo Giro en 2018 y quizá habría ganado hasta el Tour ese mismo año.

LA CONTRARRELOJ POR EQUIPOS DE ETXEONDO

Le faltaron menos de dos minutos para ganar el Tour de 2018. Parecía imposible remontarle esa desventaja al líder Geraint Thomas en la contrarreloj de 31 kilómetros entre Senpere y Ezpeleta, pero Dumoulin aspiraba a rematar la carrera ganando la etapa y asegurando su podio amenazado. Entonces, a las diez de la mañana, descubrió que había perdido el buzo. Y empezó la primera contrarreloj, la colectiva de los trabajadores de Etxeondo, para que Dumoulin pudiera ganar la segunda contrarreloj, la individual de los ciclistas del Tour.

En plenas vacaciones, con la fábrica cerrada, a Paco Rodrigo se le enfrió el desayuno mientras telefoneaba a sus empleados para pedirles ayuda. María Jesús Altuna, encargada de producción, atendió la llamada en la peluquería y salió corriendo a Etxeondo para sacar el patrón del buzo de Dumoulin. Xabi Areizaga, encargado del diseño gráfico, aún dormía tras una noche de fiesta y también se presentó en su puesto para diseñar el buzo blanco con las franjas de los cinco colores mundiales. Un amigo navarro recogió en su coche a Amparo Corcuera y Amparo Jiménez, dos de las costureras que trabajaban en la fábrica de Etxeondo en Castejón, y las condujo 150 kilómetros hasta Irura. Por si no llegaban a tiempo, Paco recurrió también a Flori Hernández, otra costurera que trabajaba en la sede de Irura y se acababa de jubilar.

-Había que hacerlo todo desde el principio: sacar el patrón, cortar los tejidos, estamparlos, coser cada una de las partes, coser también la badana… El buzo es una prenda muy delicada, eso no lo cose bien cualquiera, pero tenemos a unas costureras fantásticas.

Mientras tanto, Patxi Rodrigo salía en un coche del equipo Sunweb desde Senpere detrás de dos motos de la Gendarmería francesa que le abrían el camino. Los dirigentes del Sunweb habían explicado la emergencia a los organizadores del Tour y les había pedido que facilitaran el paso a Patxi entre las carreteras cortadas, los atascos de tráfico y la muchedumbre que se agolpaba en la zona de la contrarreloj. Llegó a la sede de Etxeondo poco antes del mediodía. Y le fue enviando a Dumoulin unos mensajes que aún conserva. 

A las 12:07 le mandó una foto en la que se veía cómo le estaban cosiendo la manga al buzo, con este mensaje: “Espero que lleguemos a tiempo”. 

A las 12:30: “Tom, ya voy en camino”.

A las 13:45: “Tengo un regalo para ti”. 

-Me presenté en el bus del Sunweb a las dos de la tarde y le entregué el buzo a Dumoulin en mano -cuenta Patxi-. Entró a probárselo y me llamó para que subiera a ver cómo le quedaba. Estaba contento, aliviado. Me dio un abrazo y le deseé mucha suerte. Cuando bajé, me encontré con toda la gente de Etxeondo con la que había ido a ver la etapa y celebramos la entrega del buzo con saltos y abrazos como un triunfo.

A las 16:27, Tom Dumoulin se lanzó por la rampa de salida con su buzo deslumbrante, recién cosido, de campeón del mundo. La contrarreloj recorría las colinas verdes entre Senpere y Ezpeleta por un laberinto de carreteras estrechas, plagado de subidas, bajadas, curvas y contracurvas. En los puntos intermedios, las diferencias entre los favoritos eran mínimas. El líder Thomas levantó el pie en el último descenso y quedó fuera de la lucha por la etapa. Froome cruzó la meta con el mejor tiempo. Y Dumoulin se quedó... a un segundo de batirlo. 

A pesar de los esfuerzos frenéticos de los empleados de Etxeondo por fabricarle un buzo nuevo, a pesar de exprimirse al máximo en busca de su última oportunidad, Dumoulin había perdido la etapa por un puñado de centésimas.

De pronto uno de los jueces cronometradores percibió algo extraño: el cronómetro de Froome se había detenido por error unos metros antes de cruzar la meta. Recalcularon los tiempos y anunciaron que el ganador de la etapa era Tom Dumoulin... por un segundo.

-No nos lo podíamos creer -dice Paco.

-Empezamos a dar saltos y a abrazarnos de nuevo -recuerda Patxi.

  Dumoulin había pedaleado durante 41 minutos a una velocidad media de 45,5 kilómetros por hora. No había dudas: el buzo fabricado esa misma mañana a todo correr había marcado la diferencia entre una victoria y una derrota en el Tour. 

Cuando lo entrevistaron en la tele, justo antes de subir al podio, Dumoulin tenía clara la dedicatoria: “Esta mañana no encontraba mi buzo de contrarreloj y quiero dar las gracias a mis compañeros de Etxeondo, porque me hicieron uno nuevo justo a tiempo. Hemos tenido suerte de que la etapa haya sido en su casa, aquí en el País Vasco, porque si no, habríamos tenido un grave problema. Estoy muy feliz de dedicarles la victoria”.

Patxi Rodrigo se emociona con el recuerdo.

-A mí me entró la llorera. Es que te pasas años trabajando día tras día para sacar adelante una marca que es tu familia, tu empresa y tu gente, intentas innovar, quieres hacer el mejor producto posible, quieres convencer de tu calidad en otros países, pruebas cosas, a veces fallas en esto o fallas en lo otro, te llevas disgustos… y de repente pasa algo tan extraordinario como la historia del buzo de Dumoulin, tu trabajo tiene un impacto tan decisivo para que uno de tus ciclistas más queridos gane una etapa del Tour, él te lo reconoce en la tele… Pues yo me eché a llorar.

Las palabras de Dumoulin intrigaron a periodistas de muchos países, que quisieron conocer los detalles de aquella historia del buzo perdido. En los siguientes días, a Patxi Rodrigo lo entrevistaron en los medios más relevantes del ciclismo mundial, en radios, periódicos y televisiones de media Europa, Estados Unidos, Corea y Japón. Etxeondo nunca había recibido semejante atención mediática, y ocurrió justo cuando trabajaban para internacionalizar la marca. 

-A partir de entonces -cuenta Patxi-, en muchas ferias internacionales nos presentábamos como Etxeondo y nos decían: “¡Ah, sí, los del buzo de Dumoulin!”.

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