-Crecimos juntos, sí -confirma Paco Rodrigo-. Prueba y error, cambiar unas máquinas por otras, así aprendimos. Entonces no había tecnologías digitales ni estudios biomecánicos ni nada tan preciso, nuestro trabajo tenía un punto romántico, de intuición, de creatividad, de la experiencia del artesano. Eso me apasionaba. Metía un montón de horas, pero un montón. Lo bueno es que siempre tuve cerca a gente osada. A mí me inspiraban. Peli Egaña y Patxi Alkorta, los que montaron el equipo Orbea, me apretaban mucho, me exigían competir con los mejores.
El equipo Orbea de aficionados, liderado por chavales como Pello Ruiz Cabestany y Jokin Mujika, pasó en bloque a profesionales en 1984. Etxeondo los vestía desde hacía cinco años y también participó en esta aventura de novatos que buscaban su hueco en el pelotón internacional.
Contrataron como director deportivo a Txomin Perurena.
-Txomin se las sabía todas -sigue Paco Rodrigo-. A veces nos reuníamos con gente importante, patrocinadores, jefes de empresas, y cuando llegábamos a los sitios, él se ponía detrás y me iba empujando un poco, “venga, navarro, tira p’alante”. Quería que me conocieran, que yo les hablara de Etxeondo. Un día fuimos a una feria no sé dónde, en Alemania o en Francia...
-En Milán -le corrige Perurena-. Fuimos a una feria a ver ropa y luego a una fábrica...
-Ah, sí, fuimos a la fábrica. Nos recibieron unos ingenieros textiles, me preguntaron qué buscabamos y les dije: “Elastómeros”.
Perurena se ríe:
-Yo me quedé impresionado. ¡Jodé con el Paco! ¡Elastómeros!
-Hombre, claro, tú te pensabas que a ver adónde iba el navarro de campo este, y ahí viste que me entendía con los ingenieros de Milán, que hablaba su mismo idioma.
Orbea creció rápido. Cabestany ganó la Vuelta al País Vasco de 1985 y detonó una explosión de popularidad: el chaval de casa, enrolado en el equipo de casa, vestido con la ropa de casa, se llevaba la carrera de casa ante figuras como Lemond, Kelly o Delgado. Ese mismo año Cabestany vistió varios días de amarillo en la Vuelta a España y venció una etapa. En la temporada siguiente ganó otra etapa en el Tour. Los patrocinios como Gin MG, Seat y luego Caja Rural permitieron fichajes como el de Delgado, que en 1985 remató una etapa legendaria del Orbea en Luz Ardiden.
Paco Rodrigo viajó en los coches del equipo durante aquel Tour y le tocó hacer un poco de todo. Unos días antes de llegar a los Pirineos, en plenos Sanfermines, unos periodistas colombianos de Radio Caracol se acercaron a la ventanilla del primer coche:
-Tenemos con nosotros en directo a don Domingoooo Perurenaaa, ciclista de leyenda, director del equipo Orrrrbeaaaa...
Perurena respondió a un par de preguntas y cambió de tema:
-En el coche viene Paco Rodrigo, ‘el Ruiseñor de las Bardenas’, un gran cantante navarro de jotas. Paco, cántales algo a nuestros amigos colombianos, anda.
-¡En directo con ustedeees, para toda Colombiaaa, el cantante de jotas don Paco Rodrigoooo!
Paco se parte de risa:
-Les canté la jota esa de las lágrimas: “Échame, niña bonita / lágrimas en mi pañuelo / y las llevaré a Pamplona / que las engarce un platero”...
En aquel Tour vivieron momentos más tensos, como la etapa de los Pirineos que se suele poner como ejemplo de una estrategia de equipo perfecta. Tres grandes puertos (Aspin, Tourmalet y Luz Ardiden), tres ciclistas del Seat-Orbea en ataques escalonados (Del Ramo, Cabestany y Delgado) y triunfo de Perico. ¿De verdad estaba planeada así o fue una improvisación que salió bien?
-Claro que habíamos preparado una estrategia -dice Perurena-, porque llegábamos a los Pirineos con toda la afición vasca esperando. El plan era que primero atacara Jokin Mujika pero no tuvo el día. En su lugar salió Pepe del Ramo, ‘el Gato’, un poco antes del Aspin. Hizo su faena, ¿eh? Cogió un minuto...
-Un minuto no, 53 segundos -interrumpe Paco Rodrigo, que ese día iba en el segundo coche del equipo, de copiloto de Pascua Piqueras, el preparador físico de Delgado-. Para que los jueces nos dejaran adelantar al pelotón y llegar hasta Del Ramo, tenía que haber un minuto de diferencia. Radio Tour iba diciendo: “Del Ramo, 50 segundos”, “Del Ramo, 53 segundos”, y no subía más. Entonces oigo a Txomin por la radio: “¡Atilano, iros p’alante, iros con ‘el Gato’!”.
Txomin suele llamar Atilano a Paco Rodrigo, por el nombre de su abuelo.
-Ponte tú a adelantar al pelotón subiendo al Aspin, que entonces era todavía más estrecho que ahora, menuda carreterita llena de piedras, al lado de los barrancos... -dice Paco, o Atilano-. Pascua iba dando bocinazos para adelantar al pelotón. Conseguimos llegar a la cabeza y nos encontramos con todos los favoritos en primera fila, bloqueando la carretera de lado a lado, Hinault, Lemond, Herrera, Parra, Perico... Intentamos pasarlos y nada, frenazo. Lo volvimos a intentar y yo pensaba: “Ya verás, a estos los tiramos por el barranco y los matamos”. Saqué la cabeza por la ventanilla y grité: “¡Zoetemelk, fuera!”. El tío me miró con una cara... Al final pasamos.
Del Ramo coronó el Aspin con poca ventaja.
-En la bajada dice Radio Tour: “Ataca Ruiz Cabestany”. Y enseguida Txomin: “Decidle al ‘Gato’ que respire un poco y que espere a Peio”. Del Ramo tiró de Peio entre el Aspin y el Tourmalet pero se le iban acabando las fuerzas. Txomin preguntó por la radio: “¿Cómo va ‘el Gato’?”. Y le dije: “¡Miau!”. Peio se fue solo Tourmalet arriba y cogió tres minutos.
-El mayor mérito de Peio fue no abandonar en los días anteriores, porque andaba con un catarrazo... -dice Perurena-. El Tourmalet lo subió de maravilla.
En el grupo de los favoritos atacó Roche, contraatacó Delgado y se marchó en solitario. Cabestany pasó primero el Tourmalet y Delgado segundo a 1’18”. Los demás venían ya a tres minutos.
Con un Orbea escapado y otro persiguiéndolo, el director debía tomar una decisión. Paco Rodrigo recuerda aquellos momentos tensos en el coche.
-Pascua Piqueras era de Perico y yo de Peio, como ser del Madrid y del Barça -se ríe-. Entonces Txomin nos habló por la radio: “Decidle a Peio que pare. Que espere a Perico. Atilano, díselo tú, que sois amigos”.
Cabestany contaría después que se veía con opciones de ganar la etapa y se echó a llorar cuando le dieron la orden de esperar.
-Yo iba sufriendo en el coche -cuenta Perurena-. Perico aprovechó la bajada del Tourmalet para ir comiendo, hizo bien, pero tardó en llegar hasta Peio. A mí se me hizo interminable. No tenía sentido llevar a un corredor por delante y a otro siguiéndolo, tenía que parar a alguno y mandé parar a Peio, porque Perico había ganado la Vuelta, estaba fuerte... pero era una decisión muy dura.
Cabestany se vació tirando de Delgado y en las primeras rampas de Luz Ardiden se apartó.
-Lo dio todo, reventó y se quedó apoyado en un muro -recuerda Perurena.
Por detrás atacó Lucho Herrera y voló montaña arriba, recortando la ventaja a Delgado, pero ese día se cerró una niebla espesa sobre Luz Ardiden, no hubo imágenes de televisión y no había manera de conocer las diferencias.
-Luz Ardiden se me hizo larguísimo -sigue Perurena-. Decían que venía Herrera, que venía Herrera, yo me iba comiendo las uñas.
Delgado ganó por 25 segundos y la jugada del Orbea quedó magistral.
-Si Herrera pilla a Perico, a mí me echan a la calle -dice Perurena-. Es normal que Peio tenga una espina clavada por aquella etapa, porque la hubiera podido ganar, ya nunca lo sabremos. Pero tomé esa decisión y salió bien.
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